domingo, 18 de julio de 2010

Sigo sin entender

Hace muchos años, cuando era un niño, yo deseaba la figura de acción de un luchador. Se lo solicitaba a mis padres y me respondieron: "Si sacas buenas calificaciones en el año escolar, al final te lo compramos".

Pasó un año escolar y obtuve buenas calificaciones. De hecho, por parte del trabajo de mi madre, hasta me dieron una beca para mis útiles escolares del siguiente año. Mis padres cumplieron su promesa y me dijeron que fuéramos al supermercado para comprar el juguete.

Recuerdo que, pasado el mediodía, fuimos a dejar a mi madre al trabajo. De regreso, llegamos a la tienda mi hermana, mi padre y yo. Nos dirigimos al área de juguetes y comenzamos la búsqueda del juguete.

Al cabo de unos minutos, encontramos el artilugio para mi pueril entretenimiento en aquél entonces.

Mientras observaba lo que sería mi nuevo juguete preferido, escuche a un niño que le solicitaba a su madre que 'se lo comprara'. Yo me encontraba de espaldas a ellos. En eso giré mi cuerpo hacia ellos y observé que el niño le solicitaba a su madre que le comprara un coche de juguete. La señora parecía ser la abuela del niño. Tenían un aspecto bastante humilde y la señora mostraba algo de dolor en su rostro. La señora le mencionaba al niño que no podía, porque no contaba con el suficiente dinero para completarlo; o compraban el juguete o comían.

Al ver el juguete que el niño quería, me di cuenta que costaba muchísimo menos de lo que costaba mi juguete; es sencillo, con el dinero que yo compraría mi juguete, me alcanzaba para pagar unos 8 o 10 carros de juguete que quería el niño.

Eso me conmovió tanto, que decidí darle el dinero que traía para que la señora le comprara el carro al niño y que dispusiera del dinero para lo que se le ofreciera. La señora se sorprendió, tomó el dinero, me dió las gracias y le dijo al niño que tomara el coche. El niño, quien no entendió lo que sucedía, solo tomó el carro mientras me observaba desconcertado.

Después de esto, recuerdo que estaba en el coche y le comenzaba a preguntar a mi padre el por qué de las injusticias sociales, por qué yo si y ellos no; mi padre trató de explicarme, pero yo no lo entendí (a la fecha sigo sin entender); recuerdo que me reventé en lágrimas en el camino a casa.

No recuerdo cómo ni cuándo obtuve mi juguete; recuerdo que lo tuve porque llegué a jugar mucho.

Todo esto me sucedió cuando tenía alrededor de 7 años. Ahora estoy por cumplir 28.

Sigo sin entender muchas cosas desde aquel día ...

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